VALIENTES DE VERDAD
Por Manuel Tiberio Bermúdez
Algunas definiciones señalan que valiente es quien «que posee valor, ánimo
o fortaleza para enfrentar riesgos y peligros». Otras dicen que es «coraje frente
al miedo».
Yo admiro a los y las personas
valientes, pero no a quienes se lanzan en un paracaídas desde tres mil metros
de altura. Tampoco me impresiona el hombre que vestido con un traje que
destella al sol, se enfrenta a un toro mediante técnicas y movimientos para
luego darle muerte con un estoque. Tampoco me
conmueven, quienes en un derroche de aventura, se suben a un auto de carreras y
se lanzan a una pista a más de 300 kilómetros por hora, desafiando la muerte y
arriesgando ese bien tan preciado que es la vida.
No me emocionan esos hombres y mujeres que, parecen aburridos con la
existencia, y se la rifan en algún acto de valentía que no conduce a nada
especifico y que apenas logran la admiración de quienes, desde nuestros
temores, no da dificultad cruzar una calle o nos asustamos al asomarnos a una
ventana de un edificio.
Yo admiro otros valientes: hombres y mujeres que, en un acto de
solidaridad, de arriesgue empático olvidan su seguridad y se lanzan, sin temor,
al rescate de otro ser humano, o de un animal en riesgo de morir.
No deja de asombrarme el desprendimiento y la capacidad de entrega de
quienes que se olvidan del peligro y se
lanzan en medio de las llamas a rescatar un congénere. No puedo dejar de
aplaudir a quienes se sumergen en un rio embravecido para rescatar a alguien
cuya vida se escapa en un manoteo que refleja su desesperación y su terror.
Me conmueven los hombres y mujeres que tras un temblor de tierra, como el
que nos sacudió el 10 de agosto, se arriesgan entre edificaciones que hacen
equilibrio en unos pocos ladrillos y que parecería que el menor viento las
tiraría a tierra. Pero esos seres humanos no atienden las señales de la muerte
que ronda. Se lanzan sin nada más que sus manos y un corazón valiente que les
anima en el pecho con un «tam tam» que guía sus anhelos de arrebatar una vida a la eterna vencedora.
En el país, gracias a aquellos valientes y según datos, se rescataron más
de 350 personas con vida y se recuperaron más de 213 cuerpos. Los informes
señalan que participaron en las labores de rescate 1849 rescatistas y 56 grupos
de búsqueda de diversos países.
Esos si son valientes. Vencen el temor al peligro, aunque también el miedo
les acaricia las espaldas cuando se arriesgan por los demás. Se juegan la vida
por la vida de otros; no en una exhibición inútil y presuntuosa, sino en un
acto de heroísmo y fortaleza moral y emocional.
Para esos hombres y mujeres va mi abrazo de solidaridad, de respeto y
admiración. Para la Defensa Civil, Cuerpos de Bomberos, Policía y Ejército
Nacional, Para quienes desde el exterior llegaron a ayudar. En fin, para
quienes —y ellos lo saben sin necesidad de aplausos— se enfrentaron a la muerte
para ver sonreír a la vida…

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