CIERRA LA PUERTA CON CARIÑO
Reflexión sobre el amor, las despedidas y la ternura en tiempos de redes sociales. Por Manuel Tiberio Bermúdez Soy un hombre añoso. Camino por la vida atendiendo los dictados de mi corazón; he sido confidente de mis propias acciones. He amado y me han amado. Como norma, y para no deberle nada a la existencia, he respetado los sentimientos de quienes se cruzaron en mi camino. Mi intención ha sido no decepcionar las ilusiones de las mujeres que en un abrazo me entregaron un poco de su alma o de aquella que, en un beso, me hicieron conocer los temblores del amor. Por donde he transitado, sembré amistad. Si de algo me precio, es de la lealtad hacia las personas que alguna vez me tendieron su mano. Creo en los seres que practicaron la solidaridad. Celebro a los amigos con los que compartí la noche y, ebrio, vimos amaneceres y cantamos a la aventura de vivir. Guardo hermosos recuerdos de la mujer-amor que fue guía y faro en mi vida, que persistía en navegar a la deriva...