ESTUDIAR CON DISCAPACIDAD VISUAL: LAS BARRERAS DE ACCESIBILIDAD QUE DEBEN ATENDER LAS UNIVERSIDADES
Consultar una lectura, presentar una evaluación y llegar al salón de clase son actividades cotidianas que pueden convertirse en obstáculos para un estudiante con discapacidad visual cuando los materiales, las prácticas de enseñanza y los espacios no son accesibles. Para las personas ciegas y con baja visión, las condiciones en que se desarrollan estas tareas influyen en su autonomía y participación universitaria.
La necesidad de contar con apoyos para
aprender está presente desde las etapas escolares. En 2024, el Departamento
Administrativo Nacional de Estadística (DANE) reportó 3.922 registros asociados
con discapacidad visual, entre ceguera y baja visión, en su operación de
Educación Formal, que comprende preescolar, básica primaria, básica secundaria
y media, incluida la educación para adultos.
Al continuar hacia la educación
superior, estos apoyos deben responder a las exigencias de cada programa:
consultar bibliografía especializada, utilizar plataformas académicas,
desarrollar trabajos y desplazarse entre diferentes espacios del campus.
“La inclusión educativa no consiste
únicamente en que una persona con discapacidad visual pueda matricularse o
ingresar físicamente a una universidad. El verdadero reto está en que pueda
acceder a la información, participar en las actividades académicas, desplazarse
con autonomía y contar con los ajustes que necesita para desarrollar su proceso
formativo en igualdad de condiciones”, explica Mauricio León, terapeuta
ocupacional del Centro de Rehabilitación para Adultos Ciegos (CRAC).
Para avanzar en estas condiciones, el
CRAC recomienda que las instituciones de educación superior atiendan cuatro
retos en la experiencia cotidiana de sus estudiantes:
Facilitar el acceso a la información y
las herramientas digitales. Las lecturas, los documentos y los materiales de
clase deben estar disponibles en formatos que puedan utilizar los estudiantes
ciegos y con baja visión. También es necesario revisar que las plataformas
académicas permitan navegar y consultar contenidos con herramientas de apoyo,
como lectores de pantalla.
Favorecer la orientación y la movilidad
dentro del campus. Reconocer recorridos, ubicar salones y acceder a bibliotecas
y otros espacios hace parte de la vida universitaria. El acompañamiento debe
considerar las referencias y los apoyos que cada estudiante necesita para
desplazarse con autonomía.
Adaptar las prácticas pedagógicas a las
necesidades del estudiante. La orientación a docentes y los ajustes razonables
deben contemplar cómo se presentan los contenidos, se desarrollan las
actividades y se realizan las evaluaciones. Estos apoyos requieren reconocer
las necesidades de cada persona y mantener una comunicación directa con ella.
Superar las barreras actitudinales en la
comunidad universitaria. Se recomienda sensibilizar a docentes, estudiantes y
personal administrativo para evitar que se subestimen las capacidades de las
personas con discapacidad visual o se decida por ellas. Preguntar qué apoyo
necesitan y respetar sus decisiones favorece su autonomía y participación en
las actividades académicas.
“Muchas veces las barreras no están en
la persona, sino en la manera como está diseñado el entorno, en cómo
presentamos la información o incluso en la forma en que nos relacionamos.
Reconocer esas barreras es un primer paso para generar mayores oportunidades de
autonomía y participación”, señala León.
Cinco
instituciones llevarán estas recomendaciones a la práctica
Para acercar a las comunidades
universitarias a estos retos, el CRAC realizará el próximo 15 de octubre la
jornada “La educación camina hacia la inclusión”, en el marco del Día Mundial
del Bastón Blanco. La actividad se desarrollará en Bogotá, de 10:00 a. m. a
12:00 m.
Participarán la Universidad Libre,
Seccional Bogotá; la Universidad de La Salle; la Universidad Central; la
Fundación Universitaria Autónoma de Colombia y UNICOC.
El recorrido estará organizado en cuatro
estaciones: sistema de lectoescritura braille; herramientas tecnológicas y
accesibilidad digital; uso del bastón blanco, orientación y movilidad; y baja
visión y ayudas ópticas. Mediante experiencias prácticas, los asistentes podrán
conocer estos recursos y relacionarlos con las condiciones necesarias para que
una persona con discapacidad visual se desenvuelva y participe adecuadamente en los entornos académicos.
La jornada forma parte del trabajo del
CRAC con comunidades educativas. Durante el último año, la institución ha
desarrollado más de 50 acciones de asesoría, acompañamiento, formación y
sensibilización, además de procesos de articulación con 10 instituciones de
educación superior.
Estas acciones incluyen orientación a
docentes, acompañamiento a estudiantes, ajustes razonables, estrategias
pedagógicas y accesibilidad de materiales. También contemplan tiflotecnología,
es decir, tecnologías y herramientas de apoyo para personas ciegas y con baja
visión, y sensibilización frente a barreras actitudinales.
Con el encuentro del 15 de octubre, el
CRAC busca que estudiantes, docentes y otros miembros de las comunidades
universitarias reconozcan cómo sus decisiones sobre materiales, espacios y
prácticas de enseñanza pueden facilitar la participación de las personas con
discapacidad visual.
Sobre el CRAC
El Centro de Rehabilitación para Adultos Ciegos (CRAC) es una fundación privada
sin ánimo de lucro, con más de seis décadas de experiencia en Colombia. Desde
1961 acompaña a personas ciegas y con baja visión en su camino hacia la
autonomía, a través de procesos integrales de rehabilitación, habilitación,
salud visual y educación para el trabajo y el desarrollo humano.
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