JAIME SÁNCHEZ: EL AMOR ES UN SENTIMIENTO QUE QUEMA, PERO IMPULSA
Por Manuel Tiberio Bermúdez
Jaime Sánchez está emocionado y tiene motivos para estarlo. Sostiene en sus
manos Allamanda, su primera novela. Es
su “ópera prima” con la que pondrá a consideración del público su manera de
narrar, de construir personajes de transitar los senderos de la literatura.
Jaime es un médico retirado, oriundo de Tuluá que dejó atrás los
diagnósticos para emprender el camino de la narración. Decidió contar
historias, imaginar tramas, inventarse finales que emocionan y crear mundos donde
sus lectores puedan descubrir nuevos universos, nuevas formas de pensar y de
observar la vida.
Conversé con él para tomarle el pulso a sus emociones y descubrir qué hay
detrás de su novela Allamanda.
¿Qué sensación tiene ahora que la novela se ha convertido en realidad?
Tengo la grata sensación de haber hecho lo que quería hacer desde hace
tiempo. Pero lo que más me complace es haber logrado
sacar los sucesos de mi subconsciente y plasmarlos en la novela. Me sorprendió el
resultado. Estoy aún sorprendido. Eso es lo que siento ver la novela terminada.
¿Cuánto tiempo lleva trabajando la historia antes de hacerla realidad?
Esa historia llevaba en mi cabeza más o menos 15 años, pero desde que me
propuse escribirla, trabajé en ella unos seis años aproximadamente.
¿Qué lo motivó a decidirse a escribirla? ¿Cuál fue el detonante?
Fue un impulso extraño, un asunto que uno sí o sí, debe resolver. Algo
interior me decía: «siéntese y hágalo». Y así fue. No hubo una motivación
razonable ni razonada.
¿Qué es la historia de Allamanda?
Allamanda representa la presencia femenina en nuestra vida y en la del
personaje que camina en el libro. Como
hombres, a veces no valoramos o percibimos esa presencia tan fuerte, pero es la
que finalmente condiciona casi todas las decisiones que tomamos. Allamanda es
la fuerza que impulsa al protagonista durante toda la historia.
¿Cuál de los personajes del libro fue el que más trabajo le costó escribir?
Se llama don Fortís Miranda. Ese personaje lo tenía en el libro como un protagonista
secundario. Un recurso necesario para apoyar la historia. Sin embargo, terminó
convirtiéndose en alguien muy interesante dentro de la novela. Los construí con
dedicación y esmero buscando que cumpliera su función, y casi sin darme cuenta
se transformó en un personaje casi principal.
Allamanda, no es un libro de amor, aunque contiene amor. ¿Cómo se
manifiesta el amor en la obra?
El amor es un deseo, es un sentimiento que nace espontáneamente, pero que
quema y empuja. Para vivirlo y desarrollarlo plenamente es necesario tener una
estructura de personalidad suficientemente sana. El personaje, sin embargo, tiene
carencias que le impiden desarrollar ese amor, y por eso sufre pérdidas que el
lector descubrirá en la lectura.
¿Cuáles son las motivaciones generales del libro?
Hay una fuerza que caracteriza a los abuelos colombianos —y también a los
de otras culturas—, pero que hoy nuestra sociedad parece haber perdido.
Antiguamente, las personas, pese a las dificultades y a los sucesos disimiles,
superaban los obstáculos y lograban construir una vida digna, bella y feliz.
Quise mostrar esa fortaleza, interpretar la capacidad de los mayores para
abirse camino en la vida.
¿Qué caracteriza a los personajes del libro?
Al releer la obra descubro que cada personaje tiene un poco de todo, y que
uno puede identificarse con uno o varios de ellos. Eso resulta muy grato,
porque cuando en la novela aparece alguien que se parece al lector, este se identifica
de tal manera con el personaje que lo cuestiona, lo juzga y puede dialogar con
su actitud.
¿Qué papel tiene la muerte en el libro?
La muerte no es simplemente un paso, sino, paradójicamente, una forma de
vivir. Para los personajes la muerte representa una manera de trascender, de
seguir presentes en el mundo. Es la muerte la que justifica la vida. Sin
embargo, uno solo se da cuenta de ello al morir. Cuando alguien está cerca de
la muerte repasa lo que le faltó por hacer, lo qué no hizo, quiénes fueron
importantes y para quién vivió. Entonces al final de la vida, es cuando se
comprende para qué se vivió y qué quedó pendiente.
¿Por qué leer a Allamanda?
Porque es una forma de revivir ciertos sucesos especiales; es divertida, y permite
observar cómo otros han resuelto sus situaciones de la mejor manera. Cuando el
lector pierde el ánimo y se acerca a Allamanda descubre en sus personajes distintas
formas de enfrentar los problemas lo cual resulta muy valioso.
Espero que quienes lean Allamanda encuentren una manera diferente de
recorrer la vida, en un periplo que va desde la infancia hasta el presente del
lector ayudándole a identificar hacia dónde quiere ir.
Cuando repaso la vida de otros, repaso también la mía. Leer Allamanda es caminar
de la mano del personaje y recorrer, desde la infancia hasta la muerte, su
viaje vivencial, imaginando y lo que yo mismo habría hecho en caso de que yo
fuera ese personaje.
¿Una frase que defina Allamanda?
«Recordar es vivir».

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