DESPERTAR MALHUMORADO
Por Manuel Tiberio Bermúdez
Poco sabemos que impulsa el poder irracional. Poco entendemos como desde el
discurso, que pretende defender la democracia, algunos poderosos afilan las
garras que devastan naciones, alistan los colmillos con los rompen la
integridad de los pueblos.
El Señor del norte desde hace tiempo viene dando muestras del asco que le
tiene a quienes sobre sus hombros ha ayudado, de manera decidida a contribuir
al progreso de los Estados Unidos: los inmigrantes. Pero no se debe olvidar que desde los inicios
esa nación ha acogido a los de afuera, a quienes vieron en ese territorio las
posibilidades de un futuro más digno para ellos y sus familias y que no llegan
a recibir maná, por el contrario; su esfuerzo, si bien produce los resultados
que soñaron, los beneficios para la nación en general no tienen objeción alguna.
Pero el Señor del Norte, cada vez se pronuncia con más odio hacia los
inmigrantes. Hoy, nada puede ser más ofensivo y peligroso que el discurso en el
que señala que los inmigrantes están envenenando la sangre de la nación
americana. No se ahorra en aseverar que los países lo que envían son criminales
y enfermos «que están mezclando nuestra sangre». Este es un lenguaje peligroso
desconsiderado, que impacta profundamente por la carga de odio que explota en
cada palabra pronunciada.
Los inmigrantes, según el Señor del norte, no son más que una amenaza para
una nación de por si amenazada por quienes saben de los horrores que se han
producido desde allí en contra de muchos países del planeta.
Los inmigrantes andan prevenidos, asustados, miran con desconfianza el
estar en territorio americano y es por ello que reafirman cada vez más sus
idiomas, que exaltan cada día sus costumbres y culturas, que minan silenciosamente
las entrañas del monstruo buscando acomodar sus vidas en medio del odio
manifiesto por una sociedad prejuiciosa y racista que proclama la libertad
propia, no la del resto del mundo a quien mira con desprecio.
Las frases pronunciadas por el Señor del Norte, no son solo discursos
generados por la ebriedad del poder, son una advertencia de que desde esa
borrachera verbal provoca en los que le siguen acciones que marginan y excluyen
a los millones de inmigrantes que viven en el país de los inmigrantes.
Esas frases nacionalistas generan tensiones que podrían estallar en
inconformismo, como ha ocurrido en algunas ocasiones, dentro del territorio y
que podrían generar reacciones hasta ahora nunca vistas.
Como hay que justificar las palabras entonces el Señor del Imperio refuerza
sus discursos anunciando acciones que cada vez dificulten más la solicitud de
visas. Amenaza con tarifas arancelarias como si no necesitara a sus aliados
comerciales, responsabiliza del comercio de drogas ilícitas a los países del
sur, e insinúa intervenciones cuando lo requiera la democracia según su estado
de ánimo. No para de señalar, cuestionar y amenazar a las naciones que él
considere sus enemigas o no proclives a sus intereses para que el patio trasero
de su nación sienta el poder del que siempre se ha denominado “el gendarme
universal”.
Algo de esas frases evocan momentos aciagos de la historia que han puesto
en alerta a muchos gobiernos del mundo, porque de las palabras a los hechos a
veces no hay sino un despertar malhumorado.

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